Viaje por Philipinas

Llegamos a Filipinas llenos de ansiedad por reencontrarnos con la cultura asiática que tanto nos había cautivado en nuestro primer viaje, teníamos también altas expectativas por fotos y comentarios de viajeros que conocimos a lo largo del camino o por blogs que frecuentamos.

Filipinas es un país formado por un archipiélago de más de 7000 islas, por lo que la planificación y elección de los destinos fue una tarea ardua y engorrosa al igual que fue moverse entre ellas, especialmente porque el concepto de organización y sincronización no es algo con lo que los filipinos estén familiarizados. Por eso cada vez que decidíamos ir al siguiente lugar sabíamos que nos esperaban muchos transbordos en distintos medios de transporte y largas horas de espera en terminales de buses, ferrys o aeropuertos.

La primera impresión de Filipinas fue similar al resto de los países del Sudeste Asiático en los que estuvimos: Un país subdesarrollado en crecimiento, rico en recursos naturales y una economía bananera basada en el agro y los servicios. La diferencia es que varias etnias y culturas conviven a lo largo de sus islas a causa de los distintos países por los que fue gobernado durante su historia: predomina la española, como consecuencia de tres siglos de colonización que dieron lugar a una cultura hispano-asiática patente en el arte, música, gastronomía, costumbres, y en especial su religión católica. Abundan antiguas iglesias y capillas, algunas de monjas. Sus fieles más devotos construyen pequeños monolitos frente a sus casas y mantienen estampitas de santos y frases bíblicas en la parte trasera de sus autos. También surgió una variante filipina del español y aunque hablan su lenguaje propio “tagalog”, a menudo cuentan en español o mezclan muchas palabras como “tenedor”, “cuchara”, “sombrero”, pasajero, etc en su vocabulario. De todas maneras, la comunicación no fue un problema ya que prácticamente todos los filipinos hablan un inglés decente e incluso los letreros en las calles, la radio, la tele y hasta los diarios están en dicho idioma.

Coexisten ciudades superpobladas con antiguos edificios históricos, escasa infraestructura y transito caótico de autos, motos, buses, vans, jeepneys, y triciclos, en contraste con pequeñas islas donde la gente vive humildemente en construcciones precarias de bambú frente a playas paradisíacas de palmeras, agua cristalina caliente de tonalidades turquesas y arena blanca que quema los ojos cuando la miras. Debajo del mar se esconde el tesoro filipino: corales, barcos de guerra hundidos y peces tropicales multicolores.

Insólitamente la comida local nos defraudo. Nos encontramos con poca variedad de sabores,  porciones pequeñas (medida asiática) y generalmente sobrevaloradas. Sopas o platos básicos de consistencia caldosa a base de arroz, pollo, cerdo o pescado que pre cocinan y dejan reposar en ollas a temperatura ambiente durante todo el día esperando por sus clientes. Sin duda, una invitación expresa a la intoxicación. Afortunadamente en muchos destinos conseguimos hospedarnos en habitaciones con una pequeña cocina a gas y elementos básicos que nos permitía cocinarnos a nuestro gusto. Para ello recorríamos los mercados locales plagados de frutas y verduras tropicales en busca de víveres.

6. Paseo en moto por Siquijor (40)

La gente, sin embargo valió el viaje. Al igual que el resto de los filipinos que conocimos viviendo fuera de su país, son personas sumamente simpáticas, divertidas, abiertas, que siempre están con una sonrisa en la cara. Viven una vida simple y familiar. Fanáticos del basquetbol y del vóleibol aunque el más alto no supera el metro 60. Al igual que en el resto de los países de Asia, absolutamente todo sucede en la calle, los chicos juegan, la gente cocina, arregla la moto, come, se corta el pelo, los ancianos se sienta en la entrada de sus casas a fumar, te saludan y se sorprenden tanto de nuestro aspecto o forma de actuar como nosotros lo hacemos al ver su estilo de vida o una estrella de mar.

A pesar de haber estado en temporada baja (de lluvia) había mucho turismo asiático (China, Japon, Taiwan y Corea). Y bueno, ya saben como es: una horda de personas que bajan de los buses vistiendo la misma remera o gorro para identificarse, se mueven en grupo siguiendo un altavoz, arrasan con todo, sacan incontables fotos, ocupan barcos enteros, largas mesas en los restaurantes. Por nuestra parte, pasamos la mayoría de nuestra estancia acompañados por una pareja de checos (Gaby y Rasty) y otra pareja de franceses, ambos maestros en Paris (Charlotte y Pier) con las cuales hacíamos las diferentes actividades, compartíamos charlas, cenas, cervezas, transportes y de vez en cuando el alojamiento.

Un destino exclusivamente de playa perfecto para relajarse y disfrutar de sus encantos. Sin embargo la industria del turismo tiene mucho por hacer. Hospedajes y comidas sobrevaloradas, atracciones turísticas atestadas de gente, medios de transporte deficientes o situaciones donde no existe cajero automático en el destino más famoso se volvieron diarias.

Nuestro recorrido fue:

Manila, Boracay Island, Lipa City, Bohol Island, Siquijor Island, Oslob, Moalboal, Puerto Princesa, El Nido y Rìo Subterraneo.

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